Vale
No elegí un solo lenguaje.Elegí escuchar.
Biografía
Desde niña, Vale Marini sintió una atracción simultánea por distintas formas de creación. Pintaba, se acercaba a la cerámica, imaginaba historias y buscaba maneras de expresar aquello que no siempre podía explicar con palabras. Durante mucho tiempo, esos intereses parecieron piezas separadas. Con los años comprendió que pertenecían a una misma práctica.
La pintura, la cerámica, la escultura, la recuperación de objetos, la escritura y el teatro se convirtieron en territorios conectados por una forma común de avanzar: la intuición.
Su exposición Territorios Habitados dio nombre a esa comprensión. No se trataba de reunir disciplinas diferentes bajo un mismo techo, sino de reconocer que cada una era una manera de habitar la sensibilidad, transformar la experiencia y dar forma a lo invisible.
Durante once años escribió diálogos de una pequeña alma junto a su amiga Vanella. Más tarde, durante la pandemia, apareció Amanda, una historia de aventura y fantasía situada intuitivamente en el Valle de Hunza, en Pakistán. La investigación posterior profundizó un vínculo que Vale ya sentía con la cultura y la espiritualidad de la región. Hoy ese universo se encuentra también en desarrollo como proyecto animado.
Su obra no busca ofrecer una respuesta única. Invita a mirar, girar, sentir, interpretar y volver a preguntar.
En una línea
Una práctica, varios lenguajes
Vale Marini firma su obra visual como Vale Marini y sus libros como Ana Valeria Marini. Pinta con las manos y con materiales que vienen del oficio antes que de la galería: brea, esmalte en aerosol, óxidos, arena. Modela los Tipitos en cerámica esmaltada, recupera objetos con vida anterior y escribe historias que nacieron del mismo impulso que sus cuadros.
No hay una escuela que explique este recorrido: hay años de taller, prueba, error y una manera de trabajar que empieza sin saber dónde termina. Eso es lo que reúne a todos sus territorios.
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