Territorio 01

PinturaDescubrir mientras hago

Texto curatorial

La pintura de Vale comienza en el cuerpo. Trabaja directamente con las manos protegidas por guantes, sin utilizar el pincel como intermediario. Mueve el bastidor, superpone colores y permite que las manchas, los cruces y los accidentes participen de la obra.

Los materiales tampoco vienen del mundo de la galería: brea, esmalte en aerosol, óxidos, arena, pasta y resina. Materia de taller y de intemperie, que se calienta, se derrama, se enfría y se agrieta. Buena parte del trabajo consiste en decidir cuándo intervenir y cuándo dejar que la gravedad, el aire y el secado terminen la frase.

No persigue una imagen fijada de antemano. Cada pieza se construye como un diálogo con la materia y permanece abierta a la interpretación. Muchas obras no tienen una orientación obligatoria: la firma se encuentra en el reverso para que quien mira pueda girarlas y descubrir su propia forma de habitarlas.

Serie

Llamados de la Tierra

Esta serie nace de una fascinación por los colores esenciales de la naturaleza: los ocres, los tierras, los grises minerales y los tonos que aparecen en la piedra, el barro y el metal envejecido.

Vale trabaja superponiendo capas, borrando, agregando materia y dejando que las texturas construyan su propio relato. Muchas veces incorpora materiales oxidados o superficies intervenidas que aportan marcas imposibles de reproducir artificialmente.

No busco representar un paisaje. Busco recuperar su energía.

Cada obra es una invitación a detenerse y escuchar esos llamados silenciosos que vienen de la tierra, de la memoria y de aquello que permanece debajo de todo lo que vemos.

Serie

Equilibrio

Pinturas en blanco y negro

La serie Equilibrio surge de una pregunta simple: ¿cómo conviven los opuestos? La luz y la oscuridad. La calma y el movimiento. La certeza y la duda.

Trabajando casi exclusivamente con blancos, negros y grises, Vale descubrió que la ausencia de color no limita la expresión: la vuelve más intensa. Las manchas, los contrastes y los espacios vacíos generan una tensión permanente entre fuerzas que parecen enfrentadas pero que en realidad se necesitan mutuamente.

Porque la vida no ocurre en los extremos, sino en el diálogo entre ellos.

Obras

Doce maneras de tocar la tierra

Un recorrido por los elementos: la tierra que sostiene, el fuego que quema el borde, el agua que diluye y el aire que abre la última forma.

Pintura abstracta en ocres y negros con hilos de brea y masas blancas craqueladas que parecen elevarse

Aparición

Vuelo blanco

Serie Llamados de la Tierra · Brea, esmalte en aerosol, pasta blanca y pigmento sobre bastidor

Sobre un campo de tierra y humo, unas formas blancas se sueltan como pájaros que recién descubren el aire. Alrededor, la trama de hilos negros arma una red que no llega a atraparlas. Es la escena de algo puro abriéndose paso en medio de lo denso.

La base se construyó con brea diluida, dejada correr en capas finas hasta oscurecer la tierra. Encima, el aerosol nubla y borra; el hilo de brea, arrojado desde altura, dibuja sin tocar la tela. Las masas blancas son pasta espesa aplicada al final y craquelada al secarse: la grieta no se corrige, se acepta como parte de la respiración de la obra.

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Pintura abstracta con trazos y goteos de brea negra sobre un fondo ocre y arena

Impulso

Escritura negra

Serie Llamados de la Tierra · Brea, tinta y esmalte sobre fondo de arena y ocre

Un trazo horizontal cruza la parte alta como una frase escrita de un solo aliento, y debajo la materia se enreda hasta volverse casi un idioma. No hay figura: hay caligrafía de un cuerpo que se mueve más rápido de lo que piensa.

El fondo se tiñó con lavados cálidos hasta lograr un tono de papel antiguo. La brea se volcó caliente, en chorro continuo, para que la gravedad completara el gesto: el goteo se detiene donde la materia se enfría. Los blancos aparecen por reserva, protegiendo zonas antes de rociar el esmalte.

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Pintura abstracta dividida por una falla vertical entre una zona cobriza y una zona blanca nacarada

Umbral

La falla

Serie Llamados de la Tierra · Brea, esmalte, arena y resina sobre bastidor

Una línea vertical parte la superficie en dos climas: a la izquierda, el cobre encendido de la tierra; a la derecha, una nube nacarada que casi no pesa. En el medio, la fractura. La obra sostiene ese instante en que un territorio termina y otro empieza sin aviso.

La zona clara se trabajó con veladuras superpuestas y polvo mineral, secando cada capa antes de la siguiente. La falla se abrió con brea densa y arena, empujada con espátula hasta el relieve. Una resina final unifica el brillo y hace que la luz recorra la grieta en lugar de detenerse en ella.

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Pintura abstracta con una masa oscura y densa concentrada en el centro sobre un halo dorado

Concentración

Núcleo

Serie Llamados de la Tierra · Brea, esmalte en aerosol y pigmentos metálicos sobre bastidor

Todo el peso de la obra se junta en el centro, como si la materia hubiera sido atraída por su propio corazón. Alrededor, la luz dorada se abre en halo. Es una imagen de lo que guardamos adentro y recién se ve cuando algo lo enciende.

El halo se logró rociando aerosol a distancia, en capas muy livianas, dejando que el borde se difumine solo. El núcleo se construyó por acumulación: brea, restos endurecidos, pigmento metálico, otra vez brea. Cada capa se dejó secar hasta agrietarse para que la siguiente encontrara relieve donde agarrarse.

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Pintura abstracta con una columna vertical de brea azul y negra entre una zona clara y otra naranja

Permanencia

Columna

Serie Llamados de la Tierra · Brea, esmalte en aerosol y óxidos sobre bastidor

Una columna azul y negra atraviesa la tela de arriba abajo, entre un lado de luz fría y otro de fuego naranja. Es lo que se mantiene en pie cuando el clima cambia a los costados: una espina, un eje, una decisión.

Los dos climas se rociaron por separado, cubriendo la zona central con una máscara. Al retirarla, la brea se aplicó en vertical, densa y granulada, dejando que se hundiera en la tela mientras todavía estaba tibia. Los óxidos se espolvorearon en húmedo: el naranja no está pintado, está oxidado.

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Pintura abstracta clara con aguadas, manchas negras y trazos color tierra

Liviandad

Deshielo

Serie Llamados de la Tierra · Brea diluida, aguadas, esmalte y pigmento sobre bastidor

Casi todo acá es aire. Unas pocas manchas negras se posan sobre una superficie clara que parece agua recién descongelada, y unos trazos color tierra sostienen la escena sin cerrarla. Es la obra más silenciosa de la serie: lo que queda después de que pasó lo intenso.

Se trabajó con la tela horizontal y muy diluida: la brea rebajada corre y se abre sola en manchas irregulares. Cuando el charco todavía estaba vivo, se sopló y se inclinó el bastidor para guiar el recorrido. Los acentos negros se dejaron caer al final, espesos, para dar peso a una superficie que de otro modo se iría flotando.

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Pintura abstracta con chorreados negros verticales sobre fondos verdes y cobrizos

Resistencia

Bosque quemado

Serie Llamados de la Tierra · Brea, esmalte en aerosol, verdes minerales y arena sobre bastidor

Troncos oscuros caen desde el borde superior y entre ellos aparece un verde que no se rindió. La imagen tiene algo de después del incendio: la materia calcinada convive con brotes que insisten. Vale no separa una cosa de la otra.

El verde y el cobre se rociaron primero, en capas alternadas, para que quedaran por debajo como memoria del color. Luego la brea se dejó chorrear desde arriba con la obra vertical, sin tocar el recorrido: el tiempo de secado decide cuánto avanza cada línea. La arena mezclada en el negro produce ese grano que absorbe la luz.

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Pintura abstracta con chorros y salpicaduras de brea negra sobre fondos rosados y verdes

Desborde

Lluvia negra

Serie Llamados de la Tierra · Brea, esmalte en aerosol y pigmentos sobre bastidor

La materia cae en cortinas y salpica hasta los bordes, como una tormenta vista desde adentro. Detrás, un rosa apagado y un verde de musgo sostienen la escena y le dan temperatura. Hay violencia en el gesto, pero también un orden que aparece al alejarse.

El fondo se armó con nubes de aerosol sucesivas, cada una más oscura. La lluvia se hizo con brea proyectada desde distintas alturas: cerca deja el goterón, lejos deja la salpicadura fina. Al final se rociaron velos claros para empujar hacia atrás algunas zonas y abrir profundidad.

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Pintura abstracta con materia oscura descendiendo y una diagonal luminosa sobre verdes y cobres

Entrega

Descenso

Serie Llamados de la Tierra · Brea, esmalte, óxidos y arena sobre bastidor

Una diagonal de luz cruza la obra mientras la materia baja en peso hacia el borde inferior. Se lee como una caída, pero también como una siembra: algo que desciende para quedarse en la tierra.

La diagonal se abrió trabajando en negativo, limpiando la brea todavía fresca con trapo y solvente hasta recuperar la claridad del fondo. Los verdes y cobres se aplicaron por pulverización y se fijaron con calor, lo que hace que el borde de cada mancha quede ligeramente quemado. El grano oscuro es arena amasada con brea.

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Pintura abstracta con una forma negra expandida sobre un fondo azul y blanco

Partida

Ala

Serie Llamados de la Tierra · Brea, esmalte en aerosol y blancos de pasta sobre fondo azul

Una forma negra se despliega sobre un cielo de agua y hielo. Puede ser un ave, una rama, una sombra que aprendió a moverse. Es la obra que cierra la serie mirando hacia afuera: después de la tierra y el fuego, el aire.

El fondo se construyó con azules y blancos rociados en capas húmedas, raspados en parte para dejar ver la trama de la tela. La forma central se volcó de una sola vez, con brea espesa, y se abrió con un golpe de aire comprimido: los filamentos que se desprenden no fueron dibujados, son la reacción de la materia al ser empujada.

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Pintura abstracta con masas negras brillantes, astillas de madera y halos verdes y cobrizos sobre fondo claro, en marco negro

Refugio

Nido de ceniza

Serie Llamados de la Tierra · Brea, esmalte, maderas quemadas y pigmentos minerales sobre bastidor enmarcado

En el centro, dos masas negras y brillantes se apoyan una sobre la otra como piedras encontradas en el fondo de un río. Alrededor, la superficie se abre en verdes de agua, cobres y grises que parecen humedad sobre un muro antiguo. Entre la neblina asoman astillas de madera: restos de algo que ardió y todavía guarda su forma. La obra sostiene esa tensión: lo que quedó después del fuego también puede ser un nido.

El fondo se trabajó con lavados muy diluidos, inclinando el bastidor para que el agua arrastrara el pigmento y dejara halos verdes y anaranjados al secarse. Las astillas y los fragmentos minerales se incrustaron con la brea todavía caliente, presionando para que la materia los abrace en vez de cubrirlos. Las masas negras se volcaron espesas al final y se dejaron enfriar sin intervenir: el brillo es el propio esmalte endurecido. Las salpicaduras oscuras se lanzaron desde lejos, para que la mano no decidiera dónde caen.

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Pintura abstracta clara en blancos, amarillos y azules pálidos con trazos y chorreados de brea marrón

Serenidad

Campo de luz

Serie Llamados de la Tierra · Brea, óleo, esmalte y pigmentos tierra sobre tela sin marco

La obra más luminosa de la serie: blancos, amarillos pálidos y azules apenas insinuados, cruzados por trazos de tierra que se mueven como ramas en el viento. En el centro, una línea de brea dibuja una forma casi cerrada, como una red suspendida o el contorno de algo que estuvo ahí. Mirada de cerca, es puro clima; mirada de lejos, empieza a parecerse a un paisaje.

La tela se cubrió primero con capas de blanco espeso, trabajadas con espátula y con la mano hasta dejar el relieve del gesto a la vista. Sobre ese campo todavía fresco se arrastraron los pigmentos tierra, para que se mezclaran solos y no quedara ningún borde duro. La línea central se trazó con brea líquida, en un solo recorrido, y los chorreados que bajan desde ella se dejaron correr por gravedad hasta detenerse solos. Nada se retocó una vez seco.

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